Y ahí estaba ella, alrededor de cuatro paredes, su lugar en el mundo, lleno de cuadros, con sus casi 18 años y todavía su pieza seguía pintada de rosa, con la puerta cerrada como hacia de costumbre, tirada en su cama, con la cabeza en alto si poder dormirse, rebuscandose para no pensar, pensar en eso que le estaba haciendo ruido en alguna parte de su cuerpo, eso que por momentos la hizo reír, por momentos le dio días y días de felicidad, eso que le dio calma y la hizo sentir plena, eso que estuvo y hoy no está.
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